¿CÓMO LO HACE ANDRÉS PÉREZ DOMÍNGUEZ?

Por Felix

 

Recientemente galardonado con el VI Premio de Novela Albert Jovell por su novela La bailarina de San Petersburgo, el sevillano Andrés Pérez Domínguez lleva esculpiendo su trayectoria de escritor desde que en 2004 publicara La clave Pinner. Es precisamente en esa novela donde aparece por primera vez el carismático Gondon Pinner, personaje que ha rescatado para protagonizar la última.

Entremedio, seis novelas y docenas de cuentos, que le han granjeado premios en ambos géneros, como el Ateneo de Sevilla de Novela, por la que quizás sea su novela más conocida, El violinista de Mauthausen.

En esta entrevista, este novelista cuentista, nos desvela cómo enfrenta sus historias, rebosantes de antihéroes que siempre roban el corazón del lector.

 

¿Desde cuándo tuviste claro que querías ser escritor?
No recuerdo ningún momento especial en el que decidiera convertirme en escritor. De jovencito fantaseaba con la idea de llegar al corazón de la gente, de emocionar, de comunicar; y escribir es una buena manera de conseguirlo. Pero el mundo de los escritores se me antojaba demasiado lejano e inaccesible, como si yo habitase en otra galaxia. No obstante, escribí varios relatos y una novela, sin mucha esperanza de que fueran publicados, y algún tiempo después me sometí a la disciplina de dedicarle al menos una hora al día, luego dos… Y así, unos años después, empleaba la mayor parte del tiempo en leer y en escribir.

¿Cómo eliges la idea para una novela?
Las ideas vienen solas, o no vienen. Algunas te tiran más que otras y acaban convirtiéndose en una novela. No voy buscando nada concreto. Simplemente, voy trabajando a partir del embrión que puede generarse tras una imagen o algo que he vivido o me han contado. En realidad, una de los aspectos que más me fascinan del oficio literario es ese: la posibilidad de convertir en una historia cualquier cosa, transformándola, dándole otro sentido, a menudo totalmente distinto. Es un reto siempre y me gusta mucho.

¿Cómo te llevas con la inspiración?
Yo creo más bien que, como en cualquier trabajo, tienes días mejores y días peores. La inspiración es un concepto demasiado abstracto como para confiarle tu trabajo. Por supuesto se te ocurren cosas, relámpagos que consiguen que estalle la imaginación pero, aunque son regalos que suceden con mayor o menor frecuencia, cuenta mucho más el trabajo diario, estrujarte el cerebro para resolver la trama de una forma coherente.

¿Cómo te documentas para tus novelas?
Siempre estoy documentándome, aunque sea de una forma inconsciente. Me explico: si eres escritor y te mueves con maneras de cazador atento, el mundo está lleno de historias esperando ser escritas. Por tanto, además de ficción, leo muchos ensayos y revistas, por el puro placer de aprender que siempre me ha acompañado, y a menudo sin darme cuenta eso forma parte del proceso de documentación para una novela. Y, si vamos a lo concreto, aunque Internet es una herramienta impagable de consulta, busco los libros adecuados para amueblar el mundo que quiero recrear, los subrayo, tomo apuntes, igual que cuando estudiaba. Me gusta estar rodeado de libros. Es una parte del proceso creativo que disfruto mucho y del que no dejo de aprender. La mayoría de las veces documentarte para una novela es como hacer un máster.

¿Qué tipo de escritor eres, de los que escriben con brújula, es decir, sin rumbo fijo, o de los que escriben con mapa, diseñando la trama al milímetro?
Digamos que soy un híbrido. Me gusta diseñar la trama, aunque luego no siga las líneas que me había planteado al principio. No me gusta tenerlo todo atado antes de empezar. Me basta con saber a dónde quiero ir y, si acaso, varios lugares del camino, pero también me gusta improvisar. Cualquier escritor sabe que desde que escribe la primera frase, la historia puede desviarse, por muchas razones, y me agrada dejarme llevar, descubrir cosas nuevas, celebrar los imprevistos. Es como emprender un largo viaje. Sé dónde están el destino y algunos puntos intermedios donde me gustaría parar, pero no tengo claro dónde voy a comer ni dormir, no quiero saberlo antes de emprender el viaje, porque en el trayecto me puede apetecer desviarme, quedarme más tiempo en un sitio que no conocía, puedo conocer a alguien interesante y, quién sabe si al final decidiré hacer menos kilómetros. Creo que cuando escribes una novela, igual que en la vida, no hay que renunciar a la alegría de lo inesperado.
Dedico bastante tiempo a diseñar a los personajes. Tengo que saber muchas cosas de ellos, aunque apenas se cuente en la trama. Pero yo tengo que conocerlos. Para ello observo a las personas, incluso les pongo a mis personajes caras de gente que conozco o los imagino en las situaciones que suceden en mis novelas. Todo eso contribuye a que resulten creíbles, que parezcan personas de carne y hueso y no muñecos de cartón.

¿Cuántos borradores sueles hacer de tus novelas?
Cuatro o cinco, como mínimo. Es un trabajo acumulativo en el que a veces añades páginas y otras veces quitas, aunque casi siempre la resta gana a la suma, esto es: al final siempre acabas dándote cuenta de que menos es más y de que lo que no suma, resta. No dejo pasar mucho tiempo entre borrador y borrador, acabo y vuelvo a empezar, y así hasta que lo doy por terminado… pero no del todo. Entonces lo dejo reposar y pasado un tiempo vuelvo a quitar o poner. Sin contar la inevitable y a menudo tediosa corrección de galeradas cuando se va publicar.

¿Cuál es tu rutina de escritura?
Generalmente por las mañanas. Así tengo la sensación de aprovechar mejor el tiempo y las tardes puedo dedicarlas a otras cosas. Pero tampoco pasa nada si otras actividades me ocupan las mañanas y tengo que escribir por la tarde.
Me pongo una meta mínima de mil palabras al día, aunque lo normal es que escriba entre mil quinientas o dos mil. Si no voy apurado de tiempo, trabajo de lunes a viernes, pero si me pilla en una época de viajes o voy con retraso, también escribo los fines de semana. Soy bastante flexible.
A mucha gente le llama la atención que escriba a mano, le parece una pérdida de tiempo. A mí me gusta hacerlo, con pluma. Siempre he sido un grafómano, y me va bien escribir así, sin preocuparme mucho de los párrafos o las líneas de diálogos. Esa corrección vendrá luego, al pasar el texto al ordenador. Pero tampoco tengo problema para escribir directamente con el teclado.

¿Cómo es tu rincón de escritura?
Tengo un despacho con una mesa grande, la misma desde hace más de veinte años, y dos pantallas que resultan muy útiles para mirar mapas, consultar dudas o ver fotos sin tener que cerrar el texto. También uso una mesa muy pequeña, con altura regulable, que coloco sobre un sillón para sentarme a escribir a mano. Cuando estoy de viaje escribo en hoteles, aeropuertos, estaciones, trenes… Cualquier lugar sirve. De hecho, muchas páginas de mis novelas han sido escritas en el AVE durante los viajes promocionales de otras. Y siempre estoy tomando notas, mentalmente o en algún cuaderno. Ya he dicho antes que soy un grafómano incurable. Me encanta el contacto de la pluma o el bolígrafo con el papel.

¿Escribes pensando en el mercado actual o lo haces solo para ti?
Nunca he pensado en el mercado. Eso no quiere decir que escriba para mí, porque me gusta tener lectores, claro. Quiero decir que no pienso en si una historia se puede vender o no. Escribo de lo que me apetece. Es algo que siempre he tenido claro: bastante complicado y amargo resulta a veces este oficio como para encima escribir de lo que no te apetezca. Que al menos te quede la satisfacción de haber hecho lo que quisiste sin estar condicionado. Además, ¿quién sabe lo que quiere el mercado? Si piensas eso, para cuando termines esa novela puede que la moda haya cambiado. Creo que hay que ser fiel a uno mismo y luchar por lo que se desea, sin pensar en agradar ni en contentar a nadie. Lo digo con todo el respeto para esos colegas que opinen que un escritor debe estar atento o sujeto a las tendencias del mercado.

Durante el periodo de escritura, ¿enseñas tu trabajo a alguien o lo guardas como un secreto? Y una vez terminas la novela, ¿recurres a lectores cero que te den unas primeras valoraciones o prefieres que directamente sea tu editor quien te corrija?
No suelo enseñar mi trabajo a nadie mientras escribo, aparte de algún pasaje. Pero no tengo problemas en hablar con mis amigos sobre lo que estoy haciendo. Una vez que lo termino se lo dejo a unos pocos lectores de confianza para que me cuenten sus sensaciones, no mucho más, no pido una lectura profesional; y luego, cuando ya ha terminado el periodo de reposo y he vuelto a corregir, se lo envío a mi agente.

¿Qué experiencia tuviste con la publicación de tu primera obra?
Aunque había publicado otros libros gracias a las instituciones que convocaron los premios que tuvieron la suerte de ganar, como el bautismo comercial me lo dieron con La clave Pinner en septiembre de 2004, digamos que esa fue mi primera obra. Me costó muchísimo publicarla. De hecho, la terminé en junio de 2001. Fue finalista de varios premios prestigiosos que ganaron otras novelas. Poco después la mandé a la agencia que acabó representándome (y todavía me representa) y, después de más o menos otro año de espera, me consiguieron un contrato con una editorial. No fue un camino fácil y me pregunté más de una vez si merecía la pena el esfuerzo. Pero he aprendido que la incertidumbre, la espera e incluso el rechazo editorial son parte del oficio. No siempre es fácil publicar en la editorial que quieres, en las condiciones que quieres ni en el momento que quieres (y no me importa reconocer que yo también soy bastante cabezota). Los escritores somos una pieza del engranaje, sólo una más, de una maquinaria gigantesca.

Una vez que has publicado una novela, ¿vuelves la vista atrás deseando haberla escrito de otra manera o eres de los que se olvida del libro?
No, nunca. Otra cosa es cazar erratas o revisar el texto para una reedición. Pero jamás me pregunto si debería haber escrito una novela de otra forma. Algunos me gustan más que otros, pero no reniego de ninguno de mis libros.

¿Cómo te imaginas tu vida si no hubieras apostado por ser escritor?
Pues tendría cualquier otro trabajo y seguiría siendo un lector, puede que un lector más ingenuo o inocente de lo que soy ahora. Pero, a pesar de todas las dificultades que lleva aparejadas el oficio, estoy convencido de que una de las mejores decisiones que tomé en mi vida fue la de ponerme a escribir e intentar vivir de ello. De no haberlo hecho mi vida sería muy diferente, no dudo que mucho más triste y aburrida. Gracias a este trabajo he conocido a gente estupenda y he disfrutado de momentos que no podría comprar ni con todo el oro del mundo.

Y por último, lo que siempre pedimos a los entrevistados: ¿tu mejor consejo para los que empiezan a escribir, ese que es básico y sin el que, según tu opinión, no se puede ser escritor?
Creo que la primera pregunta que uno debería hacerse es si quiere escribir o si quiere ser (o ejercer de) escritor. Me explico: si escribes porque te gusta contar historias, porque no puedes evitarlo, porque lo harías aunque no te publicasen y nadie pagase por leer un libro con tu nombre en la cubierta; o si lo haces porque te gustaría salir en la prensa, ligar, presumir, tener seguidores en las redes sociales y eres tan tonto para pensar que la gente se va a quedar con la boca abierta cuando le digas que eres escritor. Si respondes afirmativamente a lo segundo, dedícate a otra cosa. Te aseguro que el esfuerzo sólo merece la pena en el primer caso.

 

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